Yemas de madrugada en los ovillos
de almendros, una rapsodia de agua
en la acequia, un mirlo renacido
habla dentro de crótalos del alma.
Cadena del paseo: pasos, campos,
olivos, huertas, corrales, inquietos
azahares de jornal en lechos altos.
¡Qué orfebrería tallan los requiebros!.
- El brío de los geranios, las puertas
de la luz te daría, mendigando
el ser de las galaxias en los arcos
articulados de las azucenas.
Desato mis sandalias. Y sonrío.
Me parezco a la espiga. ¡Si me vieras
tan cómplice columna de los trigos
desatando palomas!...Dios despierta.
Siento en mí tu semblanza paralela
con su rumbo de abrazos inocentes.
Vienen de tu sonrisa hasta mis trenzas
volátiles corolas y corceles.
- Las colinas, pendientes de las piedras,
cascadas clamorosas celulares,
criaturas que gravitan y que laten
en mis bordes y núcleos te rodean.
Ando por un camino. Ando y vivo
sorteando sabores de granadas,
atravesando un puente sin olvido.
Ando y vivo. Ya sé por qué se ama.
En la belleza curo mis heridas.
Este embelesamiento es un sentido
que toma del futuro una delicia,
que se asoma a sus ramas y a su nido.
- Donde haya mar, el mar. Donde los ríos,
los cauces te daría, y los milagros
que unen paralelo y meridiano.
Te daré lo complejo y lo sencillo.
Mis músculos, gratuitos y humanos,
son como las lavandas en racimo.
Llevo en los párpados sauces alados
y un susurro en mi cuerpo florecido.
Hombre de pan en paz, yo así te quiero,
inmanencia, pasión, voz donde existo,
donde la adoración trasciende el pecho
feliz, sin vencedores ni vencidos.
Blog dedicado a la creación poética en todas sus formas. El blog está abierto, en principio, a todo aquel que quiera participar, con la única condición de que promocionen las entradas, con el objeto de llegar a cuanta más gente mejor
miércoles, 11 de junio de 2014
miércoles, 7 de mayo de 2014
Canción de las miradas, de Lienzo del aire
Dulce es el son,
yo tu garganta
y tú el cantor.
Brincan, cantan las miradas,
vuelan, rosas de candor,
leen instantes, doradas
raíces de nuestro amor,
hilan las manos labradas.
Dulce es el son,
yo tu garganta
y tú el cantor.
Recorren torsos, despejan
una herida o se diluyen
como las aves que dejan
las rutas por las que fluyen,
abren sangres que emparejan.
Dulce es el son,
yo tu garganta
y tú el cantor.
Con mi garganta te miro,
mi garganta se estremece
pues tu mirada respiro,
una mirada que crece
o es ternura en su retiro.
Dulce es el son,
yo tu garganta
y tú el cantor.
Aunque me funda en tu llama
o me ciegue una tormenta,
aunque la Tierra que clama
me torne frágil, yo sienta
tu mirada que me inflama.
Dulce es el son,
yo tu garganta
y tú el cantor.
yo tu garganta
y tú el cantor.
Brincan, cantan las miradas,
vuelan, rosas de candor,
leen instantes, doradas
raíces de nuestro amor,
hilan las manos labradas.
Dulce es el son,
yo tu garganta
y tú el cantor.
Recorren torsos, despejan
una herida o se diluyen
como las aves que dejan
las rutas por las que fluyen,
abren sangres que emparejan.
Dulce es el son,
yo tu garganta
y tú el cantor.
Con mi garganta te miro,
mi garganta se estremece
pues tu mirada respiro,
una mirada que crece
o es ternura en su retiro.
Dulce es el son,
yo tu garganta
y tú el cantor.
Aunque me funda en tu llama
o me ciegue una tormenta,
aunque la Tierra que clama
me torne frágil, yo sienta
tu mirada que me inflama.
Dulce es el son,
yo tu garganta
y tú el cantor.
sábado, 19 de abril de 2014
Canción con requiebros,de Lienzo del aire
Galante y naranja
el mediodía
se pierde en el lazo
de nuestra dicha.
- Déjame que te quiera
toda la vida,
déjame que te cierre
melancolías.
que tienes en mi iris
la cercanía
y un enebro del mundo
del alma mía.
Galante y naranja
el mediodía
se pierde en el lazo
de nuestra dicha.
- Déjame que te quiera,
mujer de arcilla,
déjame que me quede,
novia sencilla,
que si el orbe muriera
tú abrirías
de nuevo cada astro
con tu sonrisa.
Galante y naranja
el mediodía
se pierde en el lazo
de nuestra dicha.
el mediodía
se pierde en el lazo
de nuestra dicha.
- Déjame que te quiera
toda la vida,
déjame que te cierre
melancolías.
que tienes en mi iris
la cercanía
y un enebro del mundo
del alma mía.
Galante y naranja
el mediodía
se pierde en el lazo
de nuestra dicha.
- Déjame que te quiera,
mujer de arcilla,
déjame que me quede,
novia sencilla,
que si el orbe muriera
tú abrirías
de nuevo cada astro
con tu sonrisa.
Galante y naranja
el mediodía
se pierde en el lazo
de nuestra dicha.
viernes, 18 de abril de 2014
Saetas entre palmeras, dedicada a mi pueblo, La Torre de Esteban Hambrán.
Por la clara medianoche
el silencio y los faroles,
bajo los trajes de lirios
las mujeres y los hombres.
Un Nazareno y su Cruz
llevan claveles y acordes
y su Madre, la Esperanza,
rozada por blancas flores.
Saetas entre palmeras
se ondulan como la noche,
curvando luna y estrellas,
cantando en los corazones.
Un milagro, el Nazareno
sin lágrimas, ay, no llores,
y su Madre también limpia
sus ojos, ay, no implores.
Y por un momento ocurren
juntas dos resurrecciones,
la de la Virgen del Pueblo,
la del Jesús de los pobres.
Saetas entre palmeras
se ondulan como la noche,
curvando luna y estrellas,
cantando en los corazones.
el silencio y los faroles,
bajo los trajes de lirios
las mujeres y los hombres.
Un Nazareno y su Cruz
llevan claveles y acordes
y su Madre, la Esperanza,
rozada por blancas flores.
Saetas entre palmeras
se ondulan como la noche,
curvando luna y estrellas,
cantando en los corazones.
Un milagro, el Nazareno
sin lágrimas, ay, no llores,
y su Madre también limpia
sus ojos, ay, no implores.
Y por un momento ocurren
juntas dos resurrecciones,
la de la Virgen del Pueblo,
la del Jesús de los pobres.
Saetas entre palmeras
se ondulan como la noche,
curvando luna y estrellas,
cantando en los corazones.
martes, 15 de abril de 2014
Amor, de Lapiceros en el tejado
En tu regazo armónico me hago lumbre y vida.
Tus ojos son corceles que trotan por la Tierra,
tus oídos un atlas donde nada se cierra
y tu lengua ternura vivida o presentida.
Puedes oler el agua, tocar la luz herida
o la sed liberada cuando el perdón no yerra,
sentir las estaciones o terminar la guerra
de una duda, labrarte la frente a tu medida.
Tú, amor, gran nácar mío de la ilusión alada,
la palabra que a oscuras sabe hablar con la noche,
tú, el instinto que abraza la feliz madrugada.
Careces de fronteras y eres alma, un broche
que un orfebre me prende con boca enamorada,
prisión de libertad que inocencia derroche.
Tus ojos son corceles que trotan por la Tierra,
tus oídos un atlas donde nada se cierra
y tu lengua ternura vivida o presentida.
Puedes oler el agua, tocar la luz herida
o la sed liberada cuando el perdón no yerra,
sentir las estaciones o terminar la guerra
de una duda, labrarte la frente a tu medida.
Tú, amor, gran nácar mío de la ilusión alada,
la palabra que a oscuras sabe hablar con la noche,
tú, el instinto que abraza la feliz madrugada.
Careces de fronteras y eres alma, un broche
que un orfebre me prende con boca enamorada,
prisión de libertad que inocencia derroche.
martes, 1 de abril de 2014
La entrega, de Cántico en elipse
El pecho era cobijo. Se adherían
los fósiles del vello y caracolas
versátiles al intento apretado
de inscribirse en alfares submarinos
y redimir los cuerpos hechos barro.
El pecho aderezaba sus mensajes
contemplando los rastros creadores
que quisieron un día claroscuro
divino, rodear acantilados
y peces, y mareas, y las playas
dinámicas de mentes tan preciosas
como orillas de escarcha de un océano.
Era el clima y era ecosistema
para las libertades, para todo
cuanto hubiera exstido o existiera
en esquinas de la historia del mundo,
coyuntura del bien. Todo era bueno.
Navegarnos, saber que se aprendían
espíritus de mástiles y ondas,
cánticos, ritual sin condiciones
para servir de alga o de subsuelo,
viento de superficie o rayo hondo.
Por toda la medida de las masas
sístoles y diástoles, impulso
gestando realidades, ritmo largo
con brújula encontrada en los pulmones.
Mi corazón de esponja, tan permeable
que ofrecía sus huecos al cimiento
de la entrega de igual para el igual,
vaivén de las preguntas y respuestas
era, hoguera de mar y hogar de hogar.
Quiero tener el pecho en el gorjeo
que me trajo la brisa, en ls instantes
marineros con gaviotas y redes
de sal en una alcoba enamorada.
Quiero que el pecho antiguo, que ha viajado
más allá de sí mismo, que ha escuchado
ecos de continentes, tempestades,
olas de sol anclado en el respeto,
bailes de las anémonas del alma,
que ha interpretado tantas perspectivas
y asombros, que ha pintado sus corales
y sus barcos y que sigue arriesgando
su tacto y su perfume porque quiere
sea la esfinge de proa de mis ojos.
Es el pecho mi ángel altruista,
amado, amante, amor para los pechos
de la vida, para la descendencia
Hermosa de todo pecho que brinca
en un pleno regazo regalado.
los fósiles del vello y caracolas
versátiles al intento apretado
de inscribirse en alfares submarinos
y redimir los cuerpos hechos barro.
El pecho aderezaba sus mensajes
contemplando los rastros creadores
que quisieron un día claroscuro
divino, rodear acantilados
y peces, y mareas, y las playas
dinámicas de mentes tan preciosas
como orillas de escarcha de un océano.
Era el clima y era ecosistema
para las libertades, para todo
cuanto hubiera exstido o existiera
en esquinas de la historia del mundo,
coyuntura del bien. Todo era bueno.
Navegarnos, saber que se aprendían
espíritus de mástiles y ondas,
cánticos, ritual sin condiciones
para servir de alga o de subsuelo,
viento de superficie o rayo hondo.
Por toda la medida de las masas
sístoles y diástoles, impulso
gestando realidades, ritmo largo
con brújula encontrada en los pulmones.
Mi corazón de esponja, tan permeable
que ofrecía sus huecos al cimiento
de la entrega de igual para el igual,
vaivén de las preguntas y respuestas
era, hoguera de mar y hogar de hogar.
Quiero tener el pecho en el gorjeo
que me trajo la brisa, en ls instantes
marineros con gaviotas y redes
de sal en una alcoba enamorada.
Quiero que el pecho antiguo, que ha viajado
más allá de sí mismo, que ha escuchado
ecos de continentes, tempestades,
olas de sol anclado en el respeto,
bailes de las anémonas del alma,
que ha interpretado tantas perspectivas
y asombros, que ha pintado sus corales
y sus barcos y que sigue arriesgando
su tacto y su perfume porque quiere
sea la esfinge de proa de mis ojos.
Es el pecho mi ángel altruista,
amado, amante, amor para los pechos
de la vida, para la descendencia
Hermosa de todo pecho que brinca
en un pleno regazo regalado.
martes, 25 de marzo de 2014
Canción del lienzo de aire, de Lienzo del aire
Mi corazón
tómalo,
mi corazón.
Lienzo de aire la vida.
Nacía la primavera
con su polen y sus lirios
y pulseras de la hiedra.
El calor de la espesura
exultante dio belleza
a la hierba de los campos
con nuestras palabras nuevas.
Mi corazón
tómalo,
mi corazón.
Lienzo de aire la vida.
Tendí mis manos, cometas
soñadoras, altas, altas,
altas en brazos de cuerdas.
Y las llevé hasta tu pelo
y más arriba, a las puertas
del universo. Ponían
pinceles sobre la Tierra.
Mi corazón
tómalo,
mi corazón.
Las golondrinas jugaron
con las cigüeñas serenas.
Las tardes y los nocturnos
violines el amor eran.
Espigas de las mañanas
rozaban pieles enteras,
lienzo de aire la vida,
cotidiana primavera.
Mi corazón
tómalo,
mi corazón.
tómalo,
mi corazón.
Lienzo de aire la vida.
Nacía la primavera
con su polen y sus lirios
y pulseras de la hiedra.
El calor de la espesura
exultante dio belleza
a la hierba de los campos
con nuestras palabras nuevas.
Mi corazón
tómalo,
mi corazón.
Lienzo de aire la vida.
Tendí mis manos, cometas
soñadoras, altas, altas,
altas en brazos de cuerdas.
Y las llevé hasta tu pelo
y más arriba, a las puertas
del universo. Ponían
pinceles sobre la Tierra.
Mi corazón
tómalo,
mi corazón.
Las golondrinas jugaron
con las cigüeñas serenas.
Las tardes y los nocturnos
violines el amor eran.
Espigas de las mañanas
rozaban pieles enteras,
lienzo de aire la vida,
cotidiana primavera.
Mi corazón
tómalo,
mi corazón.
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